divendres, 28 de febrer del 2014

Yo Autor - Biografia de Laura Gallego



Nací el once de octubre de 1977, en un pueblo valenciano, Cuart de Poblet.  Mi afición por los libros comenzó muy pronto y a los 11 años escribí mi primer libro, junto a mi amiga Miriam: Zodiaccía, un mundo diferente.  El segundo libro llegó más tarde, a los 21 años. Estaba estudiando filología  hispánica en la Universidad de Valencia cuando lo publiqué. El libro se tituló Finis Mundi.  Por él gané mi primer premio literario, del concurso de El Barco de Vapor, de la editorial SM.  Mi segundo premio en el concurso Barco De Vapor lo conseguí con mi novela La leyenda del Rey Errante. Con la editorial SM también publiqué El coleccionista de relojes extraordinarios, Memorias de Idhún, Donde los árboles cantan, Dos velas para el diablo, la saga Crónicas de la Torre y bajo el sello Gran Angular publiqué Las hijas de Tara.
Fui y soy fundadora de la revista universitaria Náyade, repartida trimestralmente en la Facultad de Filología y fui codirectora de la misma desde 1997 a 2010.
Aunque mi fama se debe principalmente a las novelas juveniles, he publicado también obras dirigidas a un público infantil. En 2004 comencé a publicar su segunda trilogía, titulada Memorias de Idhún (Memorias de Idhún I: La Resistencia, Memorias de Idhún II: Tríada, Memorias de Idhún III: Panteón), cosechando mi mayor éxito hasta el momento.
Después de la exitosa trilogía de Memorias de Idhún he publicado varios libros independientes, la mayoría de fantasía. Toqué la literatura realista por primera vez con la serie "Sara y las Goleadoras".
Mi novela Donde los árboles cantan, publicada en octubre de 2011 ganó el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil 2012. En 2012 volví a la literatura infantil con Mago por casualidad. En 2011, mi trayectoria se vio recompensada con el Premio Cervantes Chico.
En la actualidad vivo en Alboraya, población cercana a Valencia y realicé mi tesis doctoral sobre el libro de caballerías Belianís de Grecia de Jerónimo Fernández, publicado en 1579; lo acabé a comienzos del 2013, después de varios años en ello.


DIEZ AÑOS ANTES



Kim se encontraba en la sala de estar, junto a su madre que se ocupaba de los encargos de su trabajo. Era feliz. Todo lo que necesitaba y le alegraba eran sus padres y sus muñecas. Todo aquello le parecía lo más maravilloso del mundo y no sabría vivir sin ello, aunque claro, solo era una pequeña de unos 8 años, así que no necesitaba nada más.Tocaban a la puerta, su madre estaba demasiado ocupada en su trabajo como para oír el sonido del timbre, así que fue ella misma abrir.  Kim era pequeña y no llegaba a ver por la mirilla, así que abrió directamente la puerta.  Se encontró con tres personas, dos hombres y una mujer que lucían unos uniformes con un logo muy conocido en su mundo: el de la  “Hermandad Ojo de la Noche”.
-         -  ¿Buenas, que desean? – preguntó Kim sin recibir una respuesta.
Los hombres entraron destruyéndolo todo hasta dar con su madre y su padre. Kim no vio nada, pero escuchó los gritos horrorizados de sus padres. Entonces salieron por el pasillo de la casa los dos hombres con su madre y su padre arrastrando, inconscientes. Kim se lanzó directamente a golpear con la mujer que esperaba en la puerta de la entrada, pero ya era demasiado tarde. Tenía en la boca un pañuelo húmedo y no recordaba nada más.
-        -  ¿Qué hacemos con la niña?
-        -  Matémosla, no nos servirá de mucho con su edad.
-      -   ¡Callaos! Esta niña es muy valiosa como para matarla,  es la hija de los dos mejores agentes especiales de “Nemetech”. ¿Y vosotros pensáis en matarla? No sé cómo puedo trabajar para tales inútiles como vosotros. La educaremos y entrenaremos hasta sacarle todo su potencial, ya veréis como llegará a ser la mejor espía y agente que ha visto nunca La Hermandad, e incluso el mundo.
Kim pasó el resto de sus años entrenando y trabajando junto aquellas tres personas que un día aniquilaron a sus padres, pero ella no recordaba nada. Kim no recordaba nada de sus padres ni de lo que había vivido antes de aquel encuentro. Solo sabía que se encontraba con unas personas que la querían y se dedicaban a luchar contra grandes empresas como “Nemetech”, la empresa a la que pertenecían sus padres.

Comienzo de la imaginación – Las hijas de Tara



 Kurt caminaba por un terreno yermo y baldío, envuelto en húmedas nieblas fantasmales que se cerraban sobre él y se adherían a su piel como si se tratase de manos espectrales que intentaran atraparlo con sus dedos ganchudos y pegajosos.  Andaba encorvado, con dificultad, casi arrastrándose, con sus últimas fuerzas. Ya hacía días que había escapado de aquella aldea del lejano oeste.  Había llegado a los bosques tropicales de las costas caribeñas. No encontraba agua y no comía desde mucho antes de escaparse de la aldea. Solo tenía la esperanza de encontrar una mísera gota de agua o a alguien que lo llevara a un pueblecillo.  Pero nada, no encontraba nada ni a nadie.  Diez días llevaba sin beber ni comer, cuando encontró un riachuelo pasar por delante de sus ojos. Un rio de agua cristalina de la que bebió sin investigar si era potable. Al beber de allí, su cuerpo se llenó de energía. También encontró unos frutos, pero de estos si que comprobó si eran comestibles o no, ya que podían ser venenosos, y en su estado bajo en defensas, sería el fin.De pronto y sin esperárselo, se encontró cara a cara con una persona de piel oscura con un arma en las manos. Era una persona de pelo negro y medio largo, bajito y descalzo, sin ropas excepto un tapa rabos. Un indígena.  Kurt levantó las manos instintivamente a la vez que el extraño personaje le apuntaba a la cabeza con su arco.Había despertado por fin. Le pareció que había dormido poco tiempo, pero ya tenía una larga barba. Se encontró en una jaula, otra vez, aprisionado.  ¡No se lo podía creer! ¡Tanto camino, tantos días sin alimentarse para eso!  Pero de golpe encontró  junto a él un bol de comida que parecía una especie de puré casero. Después de devorarlo sin pensárselo gritó:-       

   -   ¡Sacadme de aquí! ¡Por favor,  sacadme de aquí!
Otra vez volvía a quedarse solo en un lugar desconocido.